En 2024, la dirección interministerial de lo digital (Dinum) continúa el proyecto de administración proactiva iniciado en 2021, mientras que las entidades locales aceleran su apropiación de bloques tecnológicos que durante mucho tiempo estuvieron reservados a las grandes metrópolis. El movimiento ahora afecta a los municipios de tamaño intermedio, con proyectos que van más allá de la simple desmaterialización de formularios.
IA generativa en los servicios municipales: casos de uso ya en producción
La tendencia más destacada de este período se refiere al despliegue de soluciones de IA generativa para tareas administrativas comunes. Según los informes recopilados por el Banco de Territorios y el Observatorio Data Publica, una parte creciente de las entidades utiliza la IA generativa a diario: redacción de cartas, síntesis de actas de consejos municipales, preparación de deliberaciones o investigación jurídica.
Estos usos no son experimentaciones aisladas. Se instalan en servicios que manejan un alto volumen de documentos estandarizados, donde el ahorro de tiempo por agente se mide de manera concreta. Las direcciones de asuntos jurídicos y los secretariados generales se encuentran entre los primeros adoptantes.
Las noticias publicadas en el sitio Collectivité Numérique documentan regularmente estos retornos de campo, que permiten medir la brecha entre los anuncios institucionales y la realidad de los despliegues.
La cuestión de la fiabilidad de las respuestas generadas sigue abierta. Las entidades que han dado el paso señalan la necesidad de una revisión humana sistemática, especialmente para los actos de alcance jurídico. El riesgo de alucinaciones de los modelos de lenguaje impone un circuito de validación que todas las organizaciones aún no han formalizado.

Gobernanza de los datos territoriales: el proyecto estructural de 2024
Detrás de los proyectos de IA, un problema más antiguo vuelve a surgir: la fragmentación de los sistemas de información sigue siendo el principal obstáculo técnico. La mayoría de las entidades funcionan con software sectorial aislado, adquirido a lo largo de los mandatos, raramente interoperables.
Construir un proyecto de IA o simplemente cruzar datos entre servicios (urbanismo, estado civil, acción social) supone una base técnica unificada. Las entidades que avanzan en este terreno comparten algunas características:
- Un marco de datos centralizado, con reglas de nomenclatura y actualización compartidas entre direcciones
- Un responsable o un pequeño equipo dedicado a la calidad de los datos, distinto de la dirección de informática clásica
- Una doctrina clara sobre la apertura de datos (open data), que también condiciona la capacidad de alimentar herramientas de análisis
Los retornos de campo divergen sobre el ritmo real de esta estructuración. Las metrópolis cuentan con recursos humanos y presupuestarios para reclutar perfiles de datos. Los municipios medianos, en cambio, a menudo deben mutualizar estas competencias a nivel intermunicipal, lo que alarga los plazos de implementación.
Sobriedad digital y ciberseguridad: crecientes restricciones regulatorias
La transformación digital de las entidades ahora se inscribe en un marco regulatorio más exigente. La ciberseguridad ha pasado del estatus de tema técnico al de riesgo político para los decisores locales. Los ataques de ransomware contra hospitales y ayuntamientos, mediáticos en los últimos años, han acelerado la toma de conciencia.
Las entidades deben lidiar con presupuestos informáticos que no han sido dimensionados para absorber simultáneamente los costos de modernización de aplicaciones, formación de agentes y cumplimiento de normativas de seguridad. La arbitraje presupuestario entre nuevos proyectos digitales y el refuerzo de las defensas existentes constituye un dilema recurrente.
Sobriedad digital y responsabilidad ambiental
La ley REEN (Reducción de la huella ambiental del digital), que impone a los municipios de más de 50,000 habitantes elaborar una estrategia digital responsable, añade una capa de restricción. Las entidades afectadas deben integrar criterios ambientales en sus compras de material, sus elecciones de alojamiento y la vida útil de sus equipos.
Los datos disponibles aún no permiten medir el impacto real de estas estrategias en el consumo energético de los parques informáticos municipales. Los primeros balances deberían surgir en los próximos ejercicios.

Formación de los agentes territoriales en lo digital: el cuello de botella
La falta de inversión en formación frena más la transformación que la falta de software. Las direcciones informáticas de las entidades a menudo se limitan a misiones de mantenimiento y explotación de redes, sin capacidad de vigilancia tecnológica ni de acompañamiento al cambio.
El plan Francia Relance había destinado 88 millones de euros a la transformación digital de las entidades territoriales en 2021. Una parte de este fondo se centraba en las herramientas, pero los aspectos de formación y gestión del cambio captaron una fracción más modesta de los financiamientos.
- Los agentes de ventanilla, en contacto directo con los usuarios, necesitan dominar los teleservicios que se supone deben promover
- Los mandos intermedios deben comprender los desafíos de los datos para gestionar los proyectos transversales
- Los propios electos necesitan una cultura digital mínima para arbitrar entre las prioridades de inversión
Varias plataformas regionales de apoyo, como las coordinadas por las prefecturas, ofrecen módulos de sensibilización. Su cobertura territorial sigue siendo desigual, y los retornos de los agentes sobre estos dispositivos varían según las regiones.
El aumento de competencias de los equipos territoriales condiciona la capacidad de las entidades para aprovechar las herramientas desplegadas. Un software de gestión de la relación con el usuario, por más eficiente que sea, no produce ningún efecto si los agentes que lo utilizan no han sido formados para explotar sus funcionalidades. El desafío de 2024 ya no es tecnológico sino organizacional, y las entidades que progresan son aquellas que tratan la formación como una inversión estructural, no como una línea presupuestaria residual.



