
El trastorno de estrés postraumático (TEPT) no se desencadena únicamente tras un evento espectacular. Una exposición prolongada a la violencia de pareja, una estancia en reanimación o el duelo brusco de un ser querido pueden ser suficientes.
La mayoría de las personas expuestas a un evento potencialmente traumático no desarrollan este trastorno. Comprender qué hace que algunas personas pasen del estrés agudo a un trastorno duradero implica mirar más allá del evento en sí.
Epigenética y circuitos del miedo: lo que la neurobiología cambia en la lectura del TEPT
Las investigaciones publicadas desde 2021 están cambiando el enfoque. La vulnerabilidad al TEPT no se reduce a una predisposición genética heredada. Trabajos recientes describen modificaciones epigenéticas de la expresión de los genes bajo el efecto del estrés, especialmente en personas expuestas a experiencias adversas tempranas (maltrato, negligencia, inseguridad afectiva).
Estas modificaciones modulan de forma duradera el funcionamiento de tres estructuras cerebrales centrales: la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal. La amígdala, que detecta el peligro, permanece en un estado de hiperactivación. El hipocampo, responsable de la contextualización de los recuerdos, pierde eficacia. La corteza prefrontal, que debería regular la respuesta emocional, tiene dificultades para inhibir las señales de miedo.
En otras palabras, el trauma altera los propios mecanismos de memorización. El recuerdo ya no se almacena como un evento pasado: resurge con la misma intensidad sensorial y emocional que durante el evento inicial, en forma de flashbacks o pesadillas. Para comprender mejor las causas del trastorno de estrés postraumático, es necesario integrar esta dimensión biológica que a veces precede al evento desencadenante.

Violencias de pareja y pandemia: causas del TEPT aún subdocumentadas
Los contenidos disponibles en línea siguen estando en gran medida centrados en guerras, desastres naturales y agresiones puntuales. Sin embargo, dos categorías de causas han ido en clara progresión en los últimos años.
Violencias intrafamiliares y exposición crónica
Varios estudios publicados desde 2022 describen un aumento preocupante de los TEPT relacionados con la violencia de pareja y la violencia intrafamiliar. Los confinamientos sucesivos, la inseguridad económica y el aumento de los informes de violencia han amplificado el fenómeno. A diferencia de un accidente o una agresión aislada, la exposición repetida establece un estado de hipervigilancia permanente que debilita los mismos circuitos neurológicos descritos anteriormente.
El TEPT relacionado con estas violencias presenta a menudo un cuadro más complejo, con un cúmulo de síntomas de evitación, disociación y trastornos del estado de ánimo. El diagnóstico puede retrasarse porque la persona permanece en el entorno traumático.
Impacto de la pandemia de COVID-19
La pandemia ha generado una ola documentada de TEPT en poblaciones que hasta entonces estaban poco afectadas. Los cuidadores, los pacientes hospitalizados en reanimación y las personas en duelo figuran entre los grupos más afectados, con un aumento de los diagnósticos observado en varios países desde 2020.
El TEPT post-reanimación es un caso particular: la persona ha sufrido procedimientos médicos invasivos en un estado de conciencia alterado, sin poder integrar estas experiencias en un relato coherente. Los datos disponibles aún no permiten medir la magnitud exacta del fenómeno a escala francesa, pero los informes clínicos convergen.
Factores de riesgo del TEPT: por qué algunas personas desarrollan el trastorno y otras no
Frente a un mismo evento, el riesgo de desarrollar un TEPT depende de varios factores que interactúan. Clasificarlos por categorías ayuda a identificar los palancas de prevención.
- Factores individuales preexistentes: antecedentes de traumas (especialmente en la infancia), trastornos de ansiedad o depresivos previos, aislamiento social en el momento del evento. El TEPT afecta más a las mujeres que a los hombres, según los datos de la OMS.
- Características del evento: la amenaza percibida para la integridad física, la duración de la exposición y el sentimiento de impotencia juegan un papel determinante. Un evento que provoca sentimientos de miedo y horror extremos aumenta el riesgo.
- Contexto post-evento: la ausencia de apoyo familiar o social tras el trauma es un factor agravante bien documentado. Por el contrario, sentirse apoyado por su entorno reduce el riesgo de TEPT, según la OMS.
Estos factores no son determinismos. Una persona que acumula varias vulnerabilidades puede atravesar un evento grave sin desarrollar un TEPT. Los informes de campo divergen sobre el peso relativo de cada factor, lo que hace que la predicción individual sea aún difícil.

Protocolos terapéuticos estructurados: ¿en qué punto están las recomendaciones de tratamiento del TEPT?
Las guías clínicas más recientes insisten en protocolos estandarizados, con duraciones y secuencias definidas. Los enfoques recomendados comparten un punto en común: están centrados en el trauma mismo, no en la gestión general del estrés.
- La terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma (TF-CBT) trabaja en la reestructuración de los pensamientos relacionados con el evento y la exposición progresiva a los recuerdos traumáticos.
- El EMDR (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares) utiliza una estimulación bilateral para facilitar el reprocesamiento del recuerdo traumático por el cerebro.
- La exposición prolongada y la CPT (Terapia de Procesamiento Cognitivo) complementan el arsenal con protocolos específicos según el perfil del paciente.
- Las recomendaciones recientes añaden intervenciones sobre el estilo de vida: actividad física regular e higiene del sueño, en complemento a las psicoterapias.
Los antidepresivos pueden ser prescritos en asociación, pero la psicoterapia sigue siendo el pilar del tratamiento. La combinación de varios enfoques, ajustada al perfil de la persona, da los mejores resultados documentados hasta la fecha.
El TEPT sigue siendo un trastorno para el cual la temporalidad de la atención cuenta tanto como el método. Un diagnóstico precoz, realizado por un médico o un psiquiatra formado en psicotraumatología, permite iniciar un protocolo antes de que los mecanismos de evitación se cronifiquen. La investigación sobre los factores epigenéticos podría, a largo plazo, abrir la puerta a estrategias de prevención dirigidas a las personas más expuestas.